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Carlos Salazar-Vargas
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martes, 21 de enero de 2014

Las Políticas Públicas ¿Cubren a la Administración y Gerencia Públicas?


“Aunque el asno vaya a la Meca, no por ello es peregrino”. Proverbio Árabe.

Se inicia este recorrido, con algunos planteamientos que sirvan de abrebocas al tema que da titulo a este artículo. Sin embargo, el objetivo final es que sea el mismo lector quien responda al interrogante aquí presentado. El panorama, por lo tanto, es parcial y de ninguna manera integral, en el sentido de abarcar todo un proceso general sobre los amplios campos que ocupan tanto la gestión en su acepción más amplia, como las políticas públicas.



Para lograr lo anterior, es necesario, en primer lugar, definir lo que se entiende por "política". Ese, precisamente, es un problema inicial, pues la palabra política tiene dos (3) realidades, que si bien son diferentes, también son complementarias, realidades estas que los anglosajones (principalmente los británicos y los estadounidenses, no americanos[1]) definen con dos vocablos también distintos. El primero, corresponde a la locución inglesa "politics", con la cual se designa la "búsqueda, conquista y mantenimiento del poder", que Bismark concebía como "el arte de lo posible" y David Easton la definía como "la asignación con autoridad, de valores en la sociedad". Corresponde entonces a  la "política" como actividad que realizan los políticos profesionales y de cuyo estudio se ha encargado ampliamente la Ciencia Política, como campo de acción de los politólogos, que tan de moda están en estos días en el país.



La segunda acepción de "política", corresponde al vocablo inglés “polity” y hace referencia a la institucionalidad. Es decir las “Instituciones” forman parte integral de este concepto y ya hay quienes lo concretan dentro del aún novedoso campo del Citymarketing, que viene haciendo carrera NO para “vender” sino para “mercadear” ciudades como instituciones.         


El tercero, se relaciona con la expresión "policy" ("policies" en plural) que comúnmente se entiende como la estructuración de líneas o cursos de acción conscientemente establecidas para alcanzar ciertos objetivos. Este precisamente es el campo al cual se refiere este escrito, campo relegado en Latinoamérica y en la mayoría de países con tradición latina al ámbito académico, pero que en otros países cuenta ya con el suficiente bagaje para hablar apropiadamente de la "Policy Science" o "la Ciencia de las Políticas Públicas".



1. DEFINICION DE POLITICAS PÚBLICAS: ¿Desde lo inicial y aún sin consenso? 



Realmente, no existe un consenso en cuanto a la definición del  término. De ahí que es fácil encontrar más de cuarenta diferentes concepciones sobre el concepto de la policy. Una de ellas, muy interesante es la del profesor Dye quien entiende la política pública como "todo lo que el Estado (¿o el gobierno de turno?) hace o deja de hacer". Hay también quienes la asimilan a "la forma como el Estado se comunica con los ciudadanos" (P. Dunleavy) o la entienden como “un curso de acción seleccionado que afecta significativamente a un gran numero de personas” ( MacRae, Duncan y Wilde ).Estas y la gran mayoría de definiciones -aunque interesantes y que indudablemente aportan elementos de análisis muy valiosos para este campo- son sin embargo, difíciles de operacionalizar.



Pecando por el hecho de aumentar en numero las definiciones existentes, se propone que se entiendan las políticas publicas como "el conjunto de sucesivas respuestas del Estado (o de un Gobierno específico) frente a situaciones consideradas socialmente como  problemáticas”. Sin embargo, esta concepción -fácilmente operacionalizable- no puede tomarse ligera, pues podría sugerir que las políticas públicas representan respuestas reactivas a algo que falta o que entorpece la buena marcha de la sociedad. Pero, basta recordar que "los problemas son construcciones mentales que elaboramos, cuando percibimos un quiebre en nuestras expectativas" (Eduardo Aldana Valdés), con lo cual se abre un enorme espacio a la creatividad y a los enfoques propositivos y proactivos en la conducción del Estado y tanto la gestión como las otras muchas áreas relacionadas, tienen un enorme campo de acción y desarrollo, el cual  deben -más temprano que tarde- aceptar como reto, mucho más urgente si consideramos las delicadas circunstancias por las que atraviesa los países de  América Latina en general y México en particular.



Ese es precisamente un primer objetivo de este escrito: plantear el tema de los fundamentos, alcances y limites de la investigación sobre políticas públicas[2] y ofrecer los lineamientos mínimos necesarios para abordar -con creatividad, imaginación y buena disposición- ese enorme campo que cobija el concepto de política pública; área eminentemente científica de carácter multidisciplinario y transversal, en el sentido de que todas las disciplinas (Administración, Sociología, Psicología, Derecho...y por supuesto la Gestión, la Administración y el Management) colaboran (recibiendo y aportando) para el desarrollo, estructuración y validación en nuestro medio de la "ciencia de las políticas públicas", de acuerdo con nuestras propias características, valores e idiosincrasia.



Este intento -quijotesco pero muy válido- de proponer un espacio de reflexión para que en torno al lenguaje, las teorías, concepciones y modelos, aportados por bibliografía especializada y complementarias sobre el tema[3], espera que se propicie en un necesario diálogo entre aquellos quienes tiene la nada fácil responsabilidad de gobernar y lo hacen gestionando obras, dentro de las ciudades y para ello, hacen uso de herramientas como el Citymarketing y de directrices como las ofrecidas por las políticas públicas.  



2. IDENTIFICACION DE LAS POLITITICAS PÚBLICAS: ¿Una necesidad sentida?



Otro de los interesantes problemas con que se enfrenta quien incursiona en este campo, es saber a partir de qué momento se está verdaderamente en presencia de una política pública, porque sólo después de responder esta pregunta, es posible interesarse por su posterior ciclo de vida (formulación, implementación o puesta en marcha, evaluación, análisis, reestructuración y/o terminación).



Algunos autores[4] identifican cinco elementos que pueden fundamentar la existencia de una política pública. En primer lugar, una política pública está constituida por un conjunto de medidas concretas que conforman la verdadera "sustancia" de ella. En segundo lugar, una política pública comprende unas decisiones o unas formas de asignación de los recursos "cuya naturaleza es más o menos autoritaria"; la coerción esta siempre latente, bien sea explícita o solamente latente. En tercer lugar, una política pública se inscribe dentro de un "marco general de acción", lo que permite distinguir -en principio-  una política pública de simples medidas aisladas. El problema entonces, es saber si este marco general debe ser concebido de antemano por el decisor, o sencillamente reconstruido a posteriori por el investigador. Aquí es, concreta y específicamente, donde el proceso de la gestión de recursos, en su importante función como indicador, motor o consecuencia del monto o montos asignados, tiene un propio, promisorio y abonado campo de investigación acción y desarrollo. 



En todo caso, la existencia de este marco general no está dada y debe ser siempre objeto de investigación. En cuarto lugar, una política pública tiene un público (o más bien unos públicos) es decir, unos individuos, grupos u organizaciones cuya situación está (o va a estar) afectada por ella. Finalmente y como quinto elemento, una política pública se define en función de normas o valores, metas u objetivos para lograr.



Como es fácil observar, identificar una política pública, no es siempre tan sencillo como se podría suponer y solo se puede realiza de acuerdo con la aparente consistencia del objeto. En este espacio es indudable la contribución que puede aportar la gestión gubernamental, como orientadora del gasto, indicadora de esfuerzos y motivadora de cursos de acción política. 



3. ¿QUÉ ES UN PROBLEMA POLÍTICO?: Mucha tela de donde cortar...



Tampoco es fácil responder a esta pregunta, porque no hay problema político per se. Eso significa que en una sociedad cualquiera, todo problema social es susceptible de volverse una política pública; la cuestión es saber a través de qué mecanismos. En todo caso, es claro que el arranque de toda acción pública (a través de la puesta en marcha de un programa de acción, coordinado, dirigido, evaluado, liderado...por un gestor), no está ligado, necesariamente,  a una determinada intensidad del problema dado. Queda entonces por determinar, a partir de qué intensidad deberá arrancar la acción gubernamental. Este es precisamente, otro de los campos ricamente abonados pero inexplicablemente inexplorado, donde la gestión, los gestores y su grupos de trabajo, pueden entrar- con toda la propiedad del caso- a dar respuestas concretas, prácticas y políticamente viables. Este planteamiento, es una consideración muy similar a la conclusión lapidaria de Charles Lindblond, que hace suya Jones, acerca de que "los decisores (policy makers) no se confrontan con un problema dado". Eso significa que un problema político es necesariamente un constructor social, cuya configuración dependerá de múltiples factores propios, tanto de la sociedad mexicana, como de su particular sistema político. La cuestión entonces, no es tanto saber si tal problema es "en sí" político, sino demostrar los mecanismos concretos (indudablemente, también aquellos señalados por el Gestor Gubernamental) que determinan la inclusión o no de un problema cualquiera en la agenda del decisor.



4. LA AGENDA GUBERNAMENTAL: ¿Un incierto laberinto...? 



Este es otro de las áreas de rica investigación y poco desarrollo, cobijado por las políticas públicas, porque la noción de agenda es fundamental para analizar los procesos mediante los cuales las autoridades políticas (y dentro de ellos los gestores, administradores, gerentes, lideres...) se apropian de una cuestión o asunto (Issue) cualquiera, con el fin de construir un programa de acción. Es Padioleau quien lo ha formulado en forma muy completa, al aseverar que "la agenda política, tratándose de Estados-naciones, como de cualquier entidad territorial, comprende tanto el conjunto de los problemas percibidos como aquellos que piden un debate público e incluso la intervención de las autoridades legitimas". Este mismo autor precisa que un problema deberá responder a tres (3) características para tener alguna posibilidad de ser inscrito o incluido en la agenda política.



El primero, es saber que unas elites (sindicales, administrativas, políticas,...), también, unos ciudadanos cualquiera, que pueden estar más o menos organizados, definen una situación como problemática, al percibir desviaciones entre lo que es, lo que podría ser y lo que debería ser.



El segundo, hace referencia a que el descubrimiento de un problema se acompaña de procedimientos de etiquetaje que lo califican como perteneciente a la esfera de competencia de las autoridades públicas.



El tercero, es que se espera entonces, la intervención de la sociedad política, incluyendo la opción de no hacer nada[5]. Es aquí también, donde indudablemente los gestores pueden encontrar puntos de convergencia, sinergia y complementariedad con otras disciplinas para dar respuesta a estos interrogantes.



Más aún -y  con el fin de complementar lo anterior- es conveniente recordar tres aspectos fundamentales que se requieren para el proceso de inscripción en la agenda política. El primero, es que el acceso a la agenda política nada tiene de "natural" o de automático, por el contrario, la inscripción o inclusión es siempre objeto de controversia social y política, que los gestores deben conocer coordinar y manejar.



Ese es precisamente, el sentido del término ingles "issue"  que designa con propiedad, ese tipo de problemas controversiales. Así, la puesta en agenda es indudablemente el producto y resultado -siempre enmarcado en propias y peculiares contingencias- del campo de fuerzas que se aparecen o se construyen alrededor del problema y cuya direccionalidad, intensidad, importancia y hasta manejo, no pueden ser extrañas a cualquier gestor.



En segundo lugar, la transformación de un problema en objeto de intervención política es el producto de un trabajo específico realizado por gestores que como actores políticos identificables, tienen una naturaleza varía según los casos. Desde este punto de vista, el reciente florecimiento de las "coordinaciones" muestra la inestabilidad de estos procesos de movilización social.



En tercer lugar, es necesario tener presente que el papel fundamental de estos actores (Padioleau los llama "empresarios políticos") consiste en traducir el lenguaje de la sociedad en lenguaje de la acción política y en formular el lenguaje en un lenguaje aceptable por las elites políticas. Cualquier país, escribe Toennig, está lleno de problemas sociales, desde consumo de drogas hasta violencia infantil; para que un problema social se vuelva político, debe ser planteado en los términos requeridos por el juego político... La cuestión aquí, entonces, es saber cómo hacen los mediadores para construir el código en función del cual una sociedad dada, en una época dada, convertirá (o no convertirá) tal o cual cuestión en objeto de interés político. Teniendo en cuenta lo anterior, no resulta difícil entender cómo, para cada uno de los tres espacios anteriormente esbozados, el ámbito de la gestión debe tener una respuesta fundamental, decisiva e impostergable. 



5. MARKETING[6] Y POLÍTICAS PÚBLICAS: ¿Dos áreas complementarias? 



Dentro de este rápido abrebocas, no se puede dejar de lado una de las áreas que gracias a su más reciente y comúnmente aceptada definición[7], ha logrado un  gran desarrollo, logrado que con su ampliación cobije campos tan impensables hace un corto tiempo,  como este de las políticas publicas. 



En primer lugar, en necesario empezar diciendo que toda plataforma o programa político es -en últimas-  una presentación más o menos ordenada, una recopilación más o menos completa, una síntesis de "intencionalidades de políticas públicas", que el candidato (y dentro de esta categoría todo gestor de ciudades)  propone a sus electores, para su posterior puesta en marcha en el evento de resultar electo.



Dentro de este orden de ideas, ese compendio de políticas públicas conforma -junto con el candidato y el partido político- lo que se entiende en el lenguaje del MARKETING POLÍTICO[8] como la oferta político (algunas veces llamada también por algunos como “producto político”). Así, el campo del gestor es cada vez más decisivo, necesario y sobre todo, cada vez más crítico.



En segundo lugar, es necesario abordar el tema de las ideas como productos sociales, que compiten con otras dentro de un dinámico mercado de ideas. Dentro de este planteamiento, una política publica en su forma inicial es simplemente una idea, que es necesario proceder a poner en marcha, implementar, evaluar y estructurar, campos estos en donde el gestor es imprescindible. Así, dentro de este orden de ideas, tanto para la etapa de formulación, implementación, evaluación, análisis y terminación, es posible que los gestores recurran herramientas que como el marketing son una real alternativa para la efectividad de toda política pública. Es decir, un gestor sin conocimientos de marketing, bien difícil podría tener ese calificativo


A este respecto, es conveniente mencionar el rápido desarrollo que ha tenido en nuestro país, todos los aspectos relacionados con la cimentación, adaptación y ampliación del concepto del marketing a nuevas y promisorias áreas de interés, tales como el "marketing público", el "marketing gubernamental" y el "marketing social", entendido este último como el desarrollo de estrategias para influenciar y cambiar el comportamiento público.



Vale la pena detenernos un poco en estos campos, ya que la relación entre el concepto de marketing y el de Gestión, es incontrovertible. Precisamente es el profesor Kotler[9] quien asevera que en el marketing social hay estrategias valederas para lograr el cambio de la conducta mediante la combinación de los mejores elementos de los enfoques tradicionales de cambio social, en un marco integrado de planeación y acción, al tiempo que utiliza los avances en la tecnología de las comunicaciones y en las técnicas de comercialización. Nada más diciente para los gestores que este inmenso, fructífero y amplio campo para la exploración,  investigación y desarrollo de las políticas públicas  relacionándolas con el "cambio social voluntario".



6. EL CABILDEO (LOBBY): ¿Una palanca de apoyo en todo el proceso? 



Para muchos hispano-parlantes infortunadamente el Lobbing (o lobby) no es cosa distinta que la versión estadounidense del "tráfico de influencias". Una importación odiosa y perjudicial que -como tantas otras que proceden de allí- solo tienen motivaciones utilitarias y traen consigo, efectos dañinos, maléficos y corruptores, como herramientas del demonio.



La anterior concepción es perfectamente comprensible si tenemos en cuenta que la tradición francesa -sobre la cual se estructuraron nuestras instituciones políticas y jurídicas- asumía la existencia  de un "interés general". Como su nombre lo indica, este interés general convenía a todos los ciudadanos y el intérprete exclusivo era el Estado; Consecuentemente, al propio Estado le correspondía -en forma exclusiva- el monopolio de la definición y búsqueda de ese interés general. De ahí que el Estado no podía actuar con un fin distinto al interés público: era inadmisible pensar que el Estado comprometiera a la administración pública con intereses privados, partidistas o particulares.[10]



En nombre de ese supuesto interés general, es que ciertas actividades se proclaman de servicio público para sustraerlas - la mayoría de las veces- a las supuestas limitaciones de la iniciativa privada. Con estos antecedentes, es apenas explicable la dificultad que siempre ha existido para reconocer a los "grupos de presión"  -en cuanto voceros de intereses particulares y concretos- son un espacio muy valioso para, por y en el ejercicio de la democracia.  Siguiendo esta concepción, el papel de los gremios -en cuanto grupos de presión- se limitaba a ser simples espectadores de piedra de cualquier proceso político y democrático.



Sin embargo, es cada vez más fuerte y presencial la acción de los intereses particulares en la actividad parlamentaria y -cualquiera que sea el motivo- una vez que se ha decidido que un asunto o cuestión requiere conseguirse a través de los políticos, se está entrando en una arena política, plagada de tensiones, intereses, fuerzas dispares y hasta buenas intenciones,  lo cual no sólo es inevitable, sino que es perfectamente real e inevitablemente aceptable ¿y por qué no? hasta deseable y conveniente. Lo malo es que no hayan formas para canalizar estas inquietudes, canales que precisamente son los partidos políticos los llamados a estructurarlos, organizarlos, priorizarlos y sobre todo, encauzarlos. Es por lo tanto de suma importancia, saber cómo hacerlo; es decir, conocer las formas, las alternativas, los caminos y las acciones más aconsejables, viables -en una palabra: más efectivas- para lograr el resultado propuesto y una de las estrategias es por medio del cabildeo (lobby).



Así pues, una de las razones principales para que cualquier institución u organización formal realice actividades de cabildeo, es la de tratar de cambiar un asunto, decisión, directriz, mandato o ley -en términos generales una política pública- o porque bien la perjudica, o porque está en contra de sus intereses, del giro normal de sus negocios o bien, le impide el desarrollo de sus actividades. Este campo también se presenta como terreno abonado para todos los aspectos relacionados con la Gestión Gubernamental, como valiosa e insustituible herramienta dentro y para el cabildeo.  



7. LOS THINK TANKS[11] : Instrumentos efectivos de política pública



Durante las últimas dos décadas, se han venido considerado los llamados think tanks como instituciones útiles para el desarrollo de los países. Y es que la sofisticación cada vez mayor de los trabajos de promoción de políticas públicas, ha demostrado que el perfil de estos institutos constituye herramienta eficaz de apoyo a la democracia.  Tan delicado compromiso los  ha posicionado como actores efectivos en cada una de las etapas del proceso integral de políticas públicas.



La misión adjudicada a estos Institutos no es fácil si se tiene en cuenta que pensar con acertada visión de futuro tiene su complejidad. Para nadie es un secreto que, en México (como en la gran mayoría de países de América Latina) el ejercicio de pensar en el futuro, es casi un acto heroico.

  

Y es que el hecho de tener toadas las actividades comprometidas en el día a día, no permite la inversión de recursos (humanos, técnicos, financieros y de información) en proyectos a mediano y largo plazo que inviten a la sociedad con todos los actores, a buscar derroteros y cursos de acción imaginativos y novedosos para el desarrollo del país. Adicionalmente, uno de los  retos de los países latinoamericanos es la búsqueda de cooperación y apoyo mutuo entre todos los actores de la sociedad. Esta estrategia, ha sido exitosamente experimentada en otras partes del mundo, por países que indudablemente han logrado un alto desarrollo. Específicamente, la colaboración entre la academia, el sector productivo y el Estado es una labor a todas luces prioritaria. Para lograr lo anterior, se ha propuesto como alternativa la creación de los llamados "depósitos de ideas, tanques pensantes, tanques de pensamiento..."[12]- como reactivación de una vieja idea expuesta años atrás por Francis Bacon[13], retomada exitosamente por algunos países anglosajones, como unidades selectas de profesionales de alta calidad, agrupados en islas de excelencia, con el propósito de producir contribuciones cardinales - nuevos tipos de conocimiento, novedosas metodologías, modernos tipos de cogestión, etc.- como apoyo importante a las políticas públicas.



A manera de contribución para la creación y desarrollo de estos centros en México (y que por lo general casi siempre florecen alrededor de centros académicos importantes), conviene traer a cuento el artículo de Yehezkel Dror[14] en donde se promueve la  necesidad de estos "Depósitos", como apoyo a las diferentes etapas que conforman el "proceso integral[15]" de las políticas públicas".



El concepto de "Think Tank"  utilizado en este contexto, tiene que ver con la investigación y el diseño de pautas y directrices de pensamiento que encaucen y favorezcan ciertos sectores. En este sentido, son complementarias a las unidades establecidas para el "análisis de políticas públicas", en donde se busca -básicamente- el mejoramiento de las decisiones políticas y la racionalización de las estructuras y procesos que conforman la Administración Pública. Este concepto no está tan relacionado con los "Institutos de Estudios Avanzados" dedicados principalmente a la producción de conocimiento puro.



Los "Think Tanks" según el profesor DROR, deben llenar dos condiciones: contar con un número importante de investigadores profesionales de tiempo completo y no estar afiliado a ningún partido político. Estos "centros de excelencia" deben seguir las siguientes recomendaciones:



un equipo multidisciplinario; funcionamiento integrado; familiarización entre disciplinas (que los administradores aprendan psicología, los ingenieros administración, los biólogos filosofía, los comunicadores políticas públicas, etc,); realizar estudios que aunque en principio no tengan clientela definida, permitan el desarrollo de capacidades nuevas; propender por el desarrollo de nuevas metodologías; dar prioridad especial a la efectiva (eficiente y eficaz) difusión del trabajo de la organización; realizar talleres para quienes formulan e implementan políticas públicas; evaluar -en forma continua y sistemática- sus actividades y realizaciones; desarrollar una estrecha cooperación entre distintos "Think Tanks"[16] y por último, integrar estas actividades dentro de una estrategia abierta y elástica de desarrollo.



De acuerdo con lo anterior, quienes se preocupan por abordar exitosamente las realidades futuras, pueden encontrar en los think tanks el punto de apoyo que les brinde la oportunidad de mirar el futuro con optimismo ya que tienen como misión principal “mejorar las políticas públicas mediante la maximización de la  probabilidad de que el análisis de políticas sea aplicado para resolver problemas del mundo real”. Así lo considera William N. Dunn, uno de los pocos expertos en este tema. Dentro de este marco general, se presentan[17],  los mecanismos que tienen a disposición los Think Tanks, para propiciar que se pueda trascender el futuro, más allá del corto plazo.



Con respeto al ámbito de la gestión -indudablemente mucho más conocido, investigado y trabajado que el de política publica- solo resta recordar que ya son muchos quienes concebimos al “Administrador Público” como un “Coordinador de Políticas Públicas” y –consecuentemente- todo Gerente Público en su función como de gestor, debe realizar al menos cinco funciones básicas: Planear, Organizar, Dirigir, Evaluar y Reformular actividades estas que en forma nemotécnica corresponden  a las iniciales de la palabra PODER, esa capacidad que es precisamente la que le infunde su real razón de ser a la “gestión de toda política pública”.  



Se espera que de acuerdo con lo anteriormente expuesto, no resulta difícil entender por qué, cómo y cuál es la importancia que representa -para América en general y para Latinomérica en particular- tener verdaderos “Think Tank” y contar con “Observatorios de Políticas Públicas” como importante instrumento para gestionar con efectividad (eficiencia y eficacia) todas y cada una de las etapas del proceso integral de políticas Publicas, con el fin de superar algunos de los más urgentes e inaplazables problemas.    


[1] La palabra “americanos”, engloba a los habitantes de todo un continente integrado por 26 países. El vocablo “norteamericanos” designa a los habitantes de Norteamérica integrada por tres países: México, Canadá y los Estados Unidos de Norteamérica. La expresión “greengo” es ofensiva, al provenir del sentimiento de rechazo, reflejado en el color verde del uniforme de los marines de ese país (green go home). Tampoco es de recibo la expresión “yankee”, como despectivamente apodaban los sureños a los del norte de los EUA, en la guerra de secesión. El calificativo correcto es, entonces, el de “estadounidenses” y así como existen “colombians”, “mexicans”, “peruvians”…así mismo se propone que existan “usanians”, como traducción de este gentilicio.
[2] Salazar-Vargas, Carlos (2008): “Políticas Públicas y Think Tanks” KAS: Fundación Konrad Adenauer, Bogotá, Colombia. 528 Pags. 
[3] Entre otros documentos, se analizarán las traducciones del francés realizadas por Carlos Salazar Vargas y Jean-Fracois Jolly, tituladas  Cuatro Lecturas Clave Sobre Políticas Públicas”, a saber:  El Estado en Acción: La Contribución de las Políticas Públicas” de Bruno Jobert; “Un Esquema para el Análisis de Políticas Públicas Sectoriales”, de Pierre Muller; “Ciencia Administrativa, Management Público y Análisis de Políticas Públicas”, de Jean-Pierre Nioche y “De la Evaluación al Análisis de las Políticas  Públicas”, de J.P.  Nioche; publicadas en la Revista Tecnología Administrativa, Volumen 11, No. 23  Enero-Mayo de 1997.Universidad de Antioquia.
[4] Y. Meny y J.-C. Toenig, concretamente.
[5] (J.G. Padioleau, L'etat au concret, parís PUF, 2002, P25).
[6] El autor ha venido haciendo una distinción entre la palabra mercadeo y el anglicismo marketing”. En primer lugar, porque no existe —hasta el momento— una única traducción del vocablo inglés; palabras tales como “mercadeo”, “mercadotécnia”, “mercadización”, “mercaduría” y otras más, han venido haciendo carrera en nuestro medio iberoamericano. Adicionalmente, la connotación que tiene la palabra “mercadeo político” o “mercadotecnia política” con la acción ilegal de “compra-venta” de votos, condena a muerte esta actividad. Ayuda a esta confusión los Institutos de Mercadeo Agropecuario que se han generalizado en toda América Latina, los cuales no hacen precisamente “marketing”. Además, la muy frecuente confusión del vocablo “mercadeo” o “mercadotecnia” con publicidad, comunicación, promoción, propaganda y muchas otras erradas concepciones tales como manipulación y herramienta del neoliberalismo...y muchas  más, han obstaculizado una verdadera estructuración de esta importante área. Finalmente, la traducción literal del anglicismo “marketing” correspondería a “mercadeando”. Por fortuna ya está haciendo carrera el anglicismo “marketing”, concretamente para ámbitos sociales, públicos y políticos como el que ahora nos ocupa.  
[7] La mercadotecnia estudia la forma como las relaciones de intercambio son creadas, estimuladas, facilitadas, valoradas, gestionadas y gobernadas, entendiendo las relaciones de intercambio como las conexiones entre personas recursos y actividades, orientadas a la creación de valor para el mercado, dentro de un contexto cultural especifico (Kotler. Fox, Fine y Sallenave, entre otros).   
[8] Para ampliar este tema, recurrir a "MARKETING POLÍTICO". Editorial Presencia, Segunda Edición, 1994.    
[9] Kotler Philip y Eduardo Roberto. "SOCIAL MARKETING. Strategies for Changing Public Behabior".  The Free Press,  2001.
[10] Es tan arraigado este sentimiento en Francia, que el general De Gaulle expresaba que "el Estado tiene por objetivo y razón de ser, el servicio al interés general”. Su sucesor el presidente Pompidou, aseguraba –años más tarde- que "solo el Estado por sus órganos constitucionales que la Nación misma le ha otorgado directamente, puede tener del interés general una visión completa y desinteresada”. 
[11] Los apelativos "tanques de pensamiento", "tanques pensantes", "depósitos de ideas" y otros similares que se han venido utilizando como traducción literal de la expresión inglesa "Think Tanks" son vocablos que indudablemente inducen al estatismo, a la inercia, a la inactividad. Sin embargo, una de las características del análisis de políticas públicas, tal como ha quedado demostrado en este escrito, es ver al Estado en acción, haciendo o dejando de hacer cosas. De ahí que algunos propongan como más indicado el nombre de "Institutos de Políticas Públicas" -IPP- para referirnos a lo que en inglés se entiende como "Think Tanks". Modismo que ha venido haciendo carrera, hasta el punto en que ya forma parte del “tesaurus” como vocablo independiente y reconocido a nivel universal.
[12] Como traducción literal de la expresión inglesa "Think Tanks".
[13] "Nueva Atlántida" Editorial Mondadori, 1995.
 [14] "Required breakthroughs in think tanks" en Policy Sciences.- Amsterdam-, vol.16 No 3 (feb.1999), Páginas 199-225. Este conocido catedrático de la Universidad Hebrea de Jerusalem, fue también quien propuso en 1977 la creación de la carrera profesional de "Analista de Políticas Públicas", que hoy día es una afortunada realidad.
 [15]  Aunque no existe aún consenso generalizado en torno a las diferentes etapas que conforman el proceso integral se proponen seis (6): Formación, gestación, creación o generación; Formulación; Puesta en marcha o Implementación; Evaluación;  Análisis,  Reformulación y/o Terminación.
[16] Una reunión preliminar sobre el tema, demostró que hay interés en compartir -en forma sistemática- información y publicaciones, actividades de los diferentes centros, desde visitas mutuas hasta talleres comunes, grupos de trabajo sobre temas de interés común, tales como metodologías, medios y modos de difusión y experiencias mutuas entre los directores de los centros sobre problemas de administración, desarrollo de personal, control de gestión de mercado, marketing y comunicación.
[17] CSV. "LAS POLÍTICAS PÚBLICAS. Segunda Edición, Aumentada y Complementada con los Think Tanks, Pontificia Universidad Javeriana, Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas y Facultad de Ciencias Jurídicas, 1999, 640 páginas. 

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